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Autor: | Editorial:



El adolescente de 13 - 14 años
Aspectos generales de la psicología y la pedagogía en esta edad

El muchacho tiene ahora entre 13 y 14 años, en el segundo año de sus estudios secundarios (octavo grado), y está iniciando la adolescencia, que se manifiesta claramente en las diversas áreas de su personalidad. Se aceleran los cambios fisiológicos y el desarrollo psicológico en general. El adolescente se acercará a su formador si ve en él algo que no encuentra ni en sí ni en los demás. El formador necesita mostrarle que comprende su mundo y que participa de sus problemas, debe conocer cómo piensa y cómo siente; pero debe, al mismo tiempo, mostrarse tal como es: seguro de sí mismo, paciente, muy cercano a Dios y lleno de vida espiritual, sin rebajarse o renunciar a su papel en ningún momento.

El formador, por tanto, debe ser el líder de los muchachos más líderes en los diversos campos. De lo contrario, su labor se verá muy frenada y reducida, o incluso neutralizada por caer en el terrible escollo de enemistarse con estos muchachos por ser éstos, a veces, los más difíciles; lo cual no significa que no sea exigente con ellos y que les deje hacer lo que quieran. Debe, más bien, aprender a ganárselos y a encauzar positivamente su liderazgo.

En esta etapa lo importante para el muchacho es la necesidad de un guía, de un formador que sepa dar respuestas claras a sus dudas, que sepa adelantarse a sus problemas, que le ayude a organizar bien cada jornada de su vida (pues las consecuencias de la ociosidad no son nada recomendables).

Al adolescente hay que pedirle compromisos concretos y medibles: un propósito que esté fuera de su alcance nunca será cumplido. Por el contrario, la fidelidad constante a los propósitos que les van presentando le llevará a una mayor entrega, ya que es generoso cuando tiene a alguien que le motiva constantemente.

El adolescente -debido a su marcado egocentrismo intelectual y psicológico, que en el anterior documento se denominó “egocentrismo filosófísico”- empieza a hacer sus primeros juicios valorativos, espontáneos, subjetivos y egocéntricos, en función de su insaciable afán de protagonismo. Es muy necesario, por tanto, presentarle todos los contenidos formativos, las motivaciones y las propuestas apostólicas como el auténtico modo de realizar y desarrollar su voluntad de protagonismo, pero con la meta clara de encauzarlo hacia el bien y la donación.

Aunque se cree grande, sabe que todavía no lo es y no se entiende a sí mismo. En esta edad hay que saber "aguantarle", en un continuo “tira y afloja”. Es la edad típica de la rebeldía externa, en la que se queja por todo y gritar al adulto: "ya no soy un niño"; es el "incomprendido".

El formador debe ser firme pero sin cortar nunca definitivamente, sabiendo siempre comprender y acoger. Debe darle motivaciones contundentes (hechos más que argumentos), aunque parezca que no las acepte o entienda, o que no está escuchando. Es importante, eso sí, no entrar en discusión con él y menos públicamente: decirle las cosas claras y dejarle reflexionando.

Su inseguridad le obliga a seguir dependiendo de un líder (se deja llevar fácilmente de los modelos que le presentan los medios de comunicación). La opinión del líder aquí, muchas veces, puede contar más que la de los padres o de los formadores sin ascendiente.

El adolescente busca quedar bien delante de los demás, porque quiere ser aceptado; detesta, por esto mismo, que lo dejen en ridículo.

Su existencia se basa en un espíritu práctico que busca a ultranza no complicarse la vida; por eso quiere que antes de hacer una cosa le digan con detalle cómo hacerla, y se molesta si los mayores no cumplen con lo prometido.

Es capaz de traicionar su conciencia con tal de ser aceptado, pues le pesa mucho el respeto humano; se justifica continuamente. Debido a su inseguridad se hace bastante susceptible y caviloso: piensa que todos están hablando mal de él. Es un año en el que puede caer definitivamente en un mal grupo de amigos, por eso hay que insistirle en lo que significa la verdadera amistad.

El despertar de las pasiones es más fuerte y la sexualidad se convierte en un problema ya para la mayoría. Por ello, es necesario estar muy cercano al adolescente y atenderle con continuidad, para no perderlo. Se debe tratar este tema con suma naturalidad y, a la vez, con mucha seriedad. Hay que estimular y desarrollar en él los resortes que le ayuden a controlar sus pasiones, y presentarle un gran ideal, ya que tiene una gran capacidad para la generosidad. La frecuente recepción de los sacramentos es un elemento clave para que pueda dominar sus pasiones.


Edad de la fantasía, tiende a huir de la realidad. Se siente atraído por los grandes ideales aunque su actitud muchas veces no lo demuestre. Por lo mismo, es muy necesario saber aprovechar este elemento, al igual que su voluntad de protagonismo, para el apostolado: dándole actividades concretas para realizar, responsabilidades o campañas para organizar en el club para la primera etapa, etc. A veces es preferible que él haga una cosa, aunque no esté muy bien, que el formador lo haga todo y el muchacho se convierta en espectador pasivo.

Frente a su idealismo subjetivo, es bueno, por otra parte, bajarle a la realidad con datos claros, impresiones atractivas, hechos de la vida que le atañen. Por ello, es muy importante la observación por parte del formador que debe conocer sus temas de conversación, dedicar tiempo para escucharle, identificar sus intereses naturales, etc., de forma que su mundo sea el que aparezca visualizado en todas las pláticas o motivaciones que le dé el formador.

En esta edad el adolescente empieza a mostrar un cierto desinterés por lo espiritual, pues encuentra sensaciones más intensas que le hacen replantearse toda su vida espiritual. Aquí es fundamental presentarles la moral cristiana con una nueva visión: el protagonismo de su vida. No hay que olvidar que en este momento muchos definen su opción por Dios y el tipo de relación que tendrán con Él en el futuro, aunque las consecuencias no se vean hasta después de varios años. Por ello, al adolescente de esta etapa, es de vital importancia presentarle a Cristo, además de su líder auténtico, como guía firme que lo llevará a puerto seguro en medio de la tormenta por la que está atravesando.


I. Formación Intelectual


Objetivos que se deben buscar:

1. Desarrollo de habilidades mentales:

se busca que el adolescente conozca la verdad objetiva de forma serena, razonada y clara en los diversos contenidos y circunstancias; y descubra en ello algo útil para desarrollar su auténtico protagonismo, orientado al bien y al servicio a los demás. Para ello el formador debe aprovechar su natural curiosidad para presentarle los contenidos de forma novedosa, y para ayudarle a ser objetivo en sus juicios; ya que, por la edad en la que se encuentra, todavía es muy subjetivo porque depende mucho de su egocentrismo y le resulta difícil alcanzar una verdad objetiva. Su verdad se basa en su parecer.



II. Formación Espiritual


Objetivos que se deben buscar:

1. Amor a Jesucristo:
se busca que el adolescente descubra en Cristo, no sólo al Líder y al Amigo, sino al Guía firme que le ofrece seguridad y serenidad en su vida y le hace protagonista de su misma vida y de la salvación de muchos hombres. Pues es lo que necesita en esta edad el adolescente que, al despertar a sus pasiones, se encuentra en un estado intermedio entre el niño que no quiere ser y el joven que todavía no es y, por lo mismo, entran en crisis todos los valores que anteriormente vivía espontáneamente, y tiene una visión cambiante de sí mismo y del mundo. Para lograr este objetivo, el formador debe darle motivaciones más fuertes y contundentes, y explicárselas para que las acepte aunque no las entienda en su totalidad.

2. Oración, sacramentos y vida de gracia:

se busca que el adolescente vea la vida espiritual como una experiencia atractiva, intensa y exigente, como una aventura emocionante y novedosa; descubra en la oración el lugar por excelencia de protagonismo, donde se encuentra con su líder y su guía para afrontar su vida con valentía y para recibir consignas para la gran misión de cambiar el mundo;
encuentre en los sacramentos las fuerzas que necesita para dominar su propia vida y para cumplir su misión; y logre el hábito de la confesión periódica. Para ello el formador debe tener mucha compresión y paciencia, pero al mismo tiempo mucha exigencia y motivación; de tal forma que el adolescente pueda superar el natural desinterés y aburrimiento por lo espiritual, debido a los múltiples cambios y a las sensaciones intensas que experimenta.


3.Voluntad de Dios:
se busca que el adolescente busque cumplir siempre la Voluntad de Dios como el único camino para ser plenamente feliz en esta vida y en la eternidad. Para ello el formador debe estar muy presente en su vida a través de la dirección espiritual exigente y comprensiva, que le sirva de guía para este camino; ya que, en esta edad, el adolescente manifiesta una rebeldía ante todo lo que se opone a su mundo y a sus gustos e inclinaciones, y los continuos cambios le hacen sentirse inestable e inseguro al no saber lo que le está pasando ni lo que quiere.

4. Amor a la Santísima Virgen:

se busca que el adolescente descubra en la Virgen María la gran intercesora, un modelo de fidelidad a la Voluntad de Dios y un refugio que le consuela y le comprende en estos momentos difíciles por los que está pasando; no le interesa tanto ahora su dimensión maternal, ya que en esta edad, la figura materna se devalúa un poco.

5.Amor a la Iglesia y amor a las almas:
se busca que el adolescente se sienta miembro vivo de la Iglesia y experimente la satisfacción de ser protagonista en la misión de ayudar a la Iglesia.


III. Formación Humana


Objetivos que se deben buscar:

1. Formación de la conciencia:

se busca que el adolescente comprenda que la amistad de Cristo se corresponde con la fidelidad a la Voluntad de Dios, manifestada en la ley de Dios, la conciencia y el director espiritual;y descubra el verdadero sentido de la amistad, sepa distinguir los buenos de los malos amigos y esté dispuesto a decir “no” al mal aunque le cueste. Pues, en esta edad, experimenta una gran curiosidad por conocer la mentalidad del mundo, para poder ser aceptado por el grupo, por el cual está dispuesto incluso a traicionar, en ocasiones, su propia conciencia en cosas grandes y pequeñas. “No me engañaré en mi fidelidad a Cristo”.

2. Formación de la voluntad:

se busca que el adolescente entienda lo que es una “pasión” y su dinamismo propio, los sentimientos que provoca, la diferencia entre el sentir y el consentir, que son normales y en sí no son malas, sino que depende cómo las encauce con su conciencia y voluntad;
y aprenda a decir “no” a sus pasiones por medio de sacrificios constantes y actos de superación, que, ofrecidos por amor a Cristo, fortalecen su voluntad y su capacidad de lucha. Para ello el formador debe ayudarle a fortalecer su voluntad con motivaciones positivas, sobre todo el amor a Cristo, y estimulándole con modelos de vida; ya que, en esta edad, experimenta un despertar de sus pasiones fuertes e intensas que son nuevas para él y no sabe cómo encauzarlas, y por eso le suscitan tentaciones de ira, de rencor, de rebeldía, de pereza, de impureza... “Soy yo que quien manda, no mis pasiones”.

3.Formación del carácter:

se busca que el adolescente salga de su mundo por medio de la donación a los demás, la caridad y el apostolado; que viva en clave de misión. Ya que, en esta edad, el adolescente no sabe lo que quiere, muestra una gran tendencia a quejarse de todo, es apático y perezoso; y, al experimentar tantos cambios, se encierra en su mundo interno y se siente incomprendido e inaceptado. Esta apatía lo lleva a no moverse por ningún ideal y a dejarse llevar por un bien inmediato (rebeldía, impureza y pereza). “Soy protagonista de la forja de un gran carácter y personalidad”.

4. Formación en las virtudes humanas:

se busca que el adolescente conozca e imite los ejemplo y modelos de hombres virtuosos, sobre todo, en las virtudes que él más necesita, como la caridad, la pureza, la obediencia, el espíritu de trabajo y la autoconvicción. Para ello el formador tiene que presentarle de modo atractivo modelos de líderes que buscan el bien de los demás y de Dios; ya que, en esta edad, el adolescente se puede volver cruel, encerrado en sí mismo, perezoso, y adopta como modelos de comportamiento los encontrados en los medios de comunicación y en el mundo que le rodea. “Lo que vale cuesta, y la virtud es lo que más vale”.

5. Formación en el liderazgo:

se busca que el adolescente conozca el verdadero modelo de líder y se decida a encarnarlo en su propia vida; y rechace a los falsos líderes que presentan los medios de comunicación social, pues en realidad no son sino esclavos de sus pasiones y de la apariencia. Puesto que, en esta edad, el adolescente, al no saber lo que quiere, fácilmente sigue a un líder negativo porque es el que llama más la atención. “Seré líder auténtico y me conquistaré a mí mismo y a los demás para Cristo”.



IV. Formación Apostólica


Objetivos que se deben buscar

1. Ser apóstol:

se busca que el adolescente sea consciente del valor y del protagonismo de su vida puesta al servicio de su misión de ayudar a Cristo a salvar a las almas. Para ello el formador debe presentarle con atractivo el protagonismo central de Cristo en la salvación de la humanidad y en toda la historia del mundo; ya que en esta edad, el adolescente vive encerrado en su mundo interior en el que se sueña como protagonista. “Con Cristo soy protagonista de la misión más grande de la historia”.

2.Hacer apostolado:

se busca que el adolescente vea el apostolado como una experiencia atractiva, intensa (al menos dos horas semanales) y renovada constantemente. Para ello el formador le ofrecerá proyectos apostólicos concretos y atractivos para que encuentre en ellos una oportunidad para aportar algo efectivo y grande a la causa del evangelio. Esto es muy importante, debido a que en esta edad le cuesta más hacer apostolado por la pereza; pero cuando tiene una experiencia positiva cambia radicalmente. “Estoy cambiando la historia y el futuro de las almas semana tras semana”.

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