Menu




Autor: | Editorial:



El Adolescente de 14 -15 años
Aspectos generales de la psicología y la pedagogía en esta edad

Es la plena adolescencia (entre los 14 y 15 años), está cursando el tercero de secundaria. Es la edad de ir definiendo su personalidad conforme a lo sembrado anteriormente. Es un error encasillarlo definitivamente como bueno o "echado a perder". En él se acrecienta el interés por conocerse bien y, en algunos, hay un sincero deseo de corregir el camino. Se compara con los demás de manera más marcada, por lo que puede llevarle a un inicio de frustración personal si no ha sabido aceptarse.

No hay que dejarse engañar: aunque parezca adulto, tiene todas las inseguridades de un adolescente. Posee una gran riqueza de sentimientos aunque son inestables. Pierde bastante tiempo con la melancolía y el romanticismo. Tiene necesidad de verse estimado y de intimidad. En los diálogos con él hay que preocuparse sinceramente por sus intereses, valorar sus cualidades, proponerle una personalidad rica y atractiva de cara a su éxito personal y social. Más que nunca, hay que darse tiempo para escucharle cuando abre su mundo interior.

Es importante que el formador sepa encauzar para el bien todas las fuerzas del adolescente. No se trata de reprimir; así lo debe entender él y lo debe vivir en la práctica. Se le debe mostrar el inmenso horizonte de bien y de belleza que puede alcanzar para su propia vida y personalidad y en provecho de los que le rodean y de toda la humanidad.

En esta edad los problemas sexuales suelen ser más fuertes y de difícil solución. No hay que dejarse engañar por las apariencias: a veces se piensa que los más extrovertidos son los que peor están moralmente y no siempre es así. La influencia del ambiente negativo es muy fuerte: se siente presionado a hacer cosas inmorales y es fácilmente manipulable; al mismo tiempo que pierde el miedo a cometer algunos pecados. Por ello, es necesario que luche contra el hedonismo y el materialismo.

Es un volcán de efusividad y de ganas de vivir, aunque no se atreve a enfrentarse con su futuro. Siente que debe aprovechar al máximo cada segundo de su vida, no quiere que se le escape ningún momento ni ninguna experiencia novedosa y excitante. Unos se abocarán a la extroversión social, buscarán el estar reunidos lo más posible con los amigos, las fiestas continuas, incluso entre semana. Otros se podrán encerrar en la nostalgia, la fantasía desmedida y la pasividad, no pocas veces fruto del cansancio típico que produce el autoerotismo.

Al adolescente le atrae irresistiblemente la autenticidad de quien es capaz de vivir contra corriente un gran ideal. Es ahora cuando se empieza a descubrir el verdadero sentido y valor de la amistad; a encontrar y a apreciar a los amigos fieles. Por ello, es el momento propicio para presentarle a Cristo, como Amigo íntimo y fiel. Si el formador se lo ganó en las etapas anteriores, ahora será su mejor confidente y, poco a poco, podrá construir en él una rica personalidad y un alma siempre más generosa para con Dios.

Sus conversaciones son apasionadas y vivas; así también deben ser las conversaciones y los momentos de formación con él. Es necesario visualizarle experiencias fuertes de la vida que le hagan pensar, ya que ahora capta mejor cualquier tipo de reflexión y los valores abstractos de la justicia, la fidelidad, etc. Le gusta que se le hable como a personas mayores, que se le respete su opinión y se le rebata con argumentos.

Gracias a su mayor estabilidad y capacidad de interiorización, vive para grandes retos e ideales. El formador debe encauzar estos sueños, exigiéndole una responsabilidad mucho mayor de cara a la Iglesia. Por ello, es muy necesario presentarle una imagen renovada del su fe, para que lo vea como algo apropiado a su edad; y el secreto para lograrlo es, sin duda, ofreciéndole un apostolado de envergadura y una atención personal mucho más continua y esmerada. Además, es clave también la figura de un responsable de equipo que sea líder humano o social y un modelo de vida cristiana.

El enfriamiento espiritual puede ser definitivo, llegando incluso a culpar a Dios por no darle la fuerza para superar las caídas. Por tanto, es necesario infundirle la confianza cristiana y la necesidad de la frecuencia sacramental (se puede recuperar lo que se perdió en la crisis de la etapa anterior). No le gusta que se le impongan las cosas, por ello hay que cuidar mucho la forma de presentarle sus obligaciones religiosas y la Voluntad de Dios, como lo mejor que puede elegir y lo que más realiza su libertad.


I. Formación Intelectual


1. Desarrollo de habilidades mentales: se busca que el adolescente profundice y valore su fe y la moral católica, al compararlas con otras doctrinas y estilos de vida; que se ejercite en la transmisión de los conocimientos adquiridos.
Puesto que a esta edad posee un mayor grado de madurez en sus reflexiones, es menos impulsivo, más realista y objetivo en sus juicios.


II. Formación Espiritual


1. Amor a Jesucristo:

se busca que el adolescente descubra a Jesucristo como el Amigo que dio la vida por él y que está esperando su correspondencia.
Para ello el formador tiene que hacer todo los posible para ayudarle a que tenga experiencias fuertes de Jesucristo (retiros espirituales exigentes, misiones, etc.); ya que, en esta edad, empieza a entender lo que es la amistad, pero a la vez, se vuelve frío ante lo religioso por haber crecido y por verlo como algo propio de niños.

2.Oración, sacramentos y vida de gracia:

se busca que el adolescente conciba su relación con Dios como una respuesta al amor que Él le tiene; Cristo es el Amigo que nunca le falla y al que no le debe fallar nunca.
sea conciente de que tiene que colaborar necesariamente para fortalecerse en su oración, en su vida sacramental; cultive la virtud teologal de la esperanza, para que esté cierto de que Dios le dará los medios necesarios para salvarse, que nunca será tentado por encima de sus fuerzas y que en cada momento cuenta con la ayuda de Dios.
Que logre una amistad y confianza absolutas con su director espiritual, para ir superando sus caídas en el campo moral. La función del director como confidente y amigo será clave (más aún que sus padres) en este aspecto. El formador provocará la confianza hablando con claridad y serenidad sobre estos temas en conferencias; ya que, en esta edad, está expuesto a peligros más graves: alcohol, sexo, drogas, espectáculos, etc. Las pasiones no encauzadas se empiezan a convertir en vicio. Manifiesta desinterés en su vida interior y sufre la influencia del ambiente que le rodea, que suele ser agresivo en lo moral y lo religioso.¡La amistad con Cristo es la perla preciosa por la que se vende todo!

3.Voluntad de Dios:

se busca que el adolescente sea consciente de que para ser fiel a la Voluntad de Dios necesita obedecer fielmente a todo lo que le pide Cristo Amigo, a través de su conciencia y de sus directores. Puesto que, en esta edad, el adolescente es más racional, más consciente de sus actos y, por eso, puede ser también más calculador. ¡La verdadera amistad está en la unión de voluntades!

4.Amor a la Virgen:

se busca que el adolescente descubra en la Santísima Virgen el modelo perfecto de mujer y experimente que no hay amor más tierno, más puro y más cercano que el de María. Puesto que, en esta edad, empieza a entender la necesidad del afecto complementario de una mujer, puede entender mejor el papel de la Virgen en su vida.

5.Amor a la Iglesia y a las almas:

se busca que el adolescente resuelva sus dudas de fe y encuentre los motivos para defenderla, gracias a la ayuda de su formador; ya que, en esta edad, racionaliza sus relaciones con la Iglesia, motivado por su pereza y egoísmo.


III. Formación Humana


1. Formación de la conciencia:

Se busca que el adolescente valore que, está llamado a ser líder en la conquista de sí mismo para llevar a los demás hacia Cristo. Para ello el formador debe ayudarle a desenmascarar los antimodelos que el mundo propone como modelos; ya que, en esta edad, el adolescente es fácilmente manipulable por el grupo y se deja llevar por el respeto humano. Va perdiendo el miedo a cometer algunos pecados, y le cuesta más la generosidad y el sacrificio que implica el ser fiel a su conciencia.
¡“Mi conciencia no la van ha controlar los falsos profetas”!

2.Formación de la voluntad:

Se busca que el adolescente ejercite su capacidad de sacrificio por amor a Jesucristo, aun en cosas lícitas.

Puesto que, en esta edad, se siente muy atacado por la pereza, el miedo al sacrificio, la falta de voluntad y el ambiente del grupo, por el que se deja llevar: conversaciones, chistes, tabaco, películas, etc. ¡El ambiente no domina a los hombres auténticos!

3.Formación del carácter:

Se busca que el adolescente conozca los factores que intervienen en su temperamento y el modo de enriquecerlos; que acepte por sí mismo los valores e ideas que lo guiarán durante toda su vida, teniendo presente que tiene que ser un líder cristiano: que sabe a dónde va y que es capaz de afrontar con garbo los retos que se le presentan y de influir positivamente en los demás. Puesto que, en esta edad, tiene un gran interés en conocer su temperamento y personalidad y va definiendo su carácter, sus valores y sus ideas.
¡“Si yo no me formo, nadie lo hará por mí”!

4.Formación de las virtudes humanas:

se busca que el adolescente reafirme su capacidad de sacrificio, motivado por el ideal de Cristo y por la urgencia de la misión; y aprenda a valorarse a sí mismo por lo que es (sus virtudes, su generosidad, su fortaleza, etc.) y no por lo que tiene o por lo que los demás piensen de él.
Para ello el formador debe presentarle las virtudes de modo vivo y atractivo, encarnadas en modelos de vida; ya que al adolescente, en esta edad, le afecta fuertemente el hedonismo y el materialismo del ambiente.

5.Formación en el liderazgo:

Se busca que el adolescente perciba la necesidad de formarse líder cristiano de cara a la misión que Dios ha puesto en sus manos, teniendo en cuenta que existen diversos tipos de liderazgo, que esté en una actitud de constante crecimiento y maduración, impulsado por el deseo de conquistar metas e ideales altos. Puesto que, en esta edad, está todavía definiendo su personalidad.
¡Cuando el líder no se supera, retrocede!


IV. Formación Apostólica


1. Ser apóstol:

se busca que el adolescente sea coherente con las exigencias de su vocación cristiana, las interiorice y las viva con un mayor convencimiento; puesto que, en esta edad, va entendiendo mejor su responsabilidad y su compromiso bautismal a la santidad y al apostolado.

2. Hacer apostolado:


se busca que el adolescente se lance a proyectos apostólicos de envergadura, donde se sienta plenamente responsable, y los lleve a cabo con profesionalidad y excelencia;
ejerza su liderazgo en el colegio o en el grupo juvenil y en su medio ambiente; y dedique tiempo efectivo a algún apostolado estable. En esta edad, el adolescente tiene la suficiente capacidad para realizar grandes apostolados.
¡“Si yo no soy responsable en mi apostolado, éste se vendrá abajo”!


Reportar anuncio inapropiado |

Another one window

Hello!