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El Adolescente de 15 - 16 años
Aspectos generales de la psicología y la pedagogía en esta edad

El muchacho de 15 ó 16 años y cursa el primero de preparatoria. Si bien es cierto que un joven de dieciséis años se debe considerar aún como un adolescente, no hay que perder de vista que se encuentra ya en un momento bastante adelantado del desarrollo de su personalidad, en lo que podemos llamar fase tardía o segunda adolescencia. De todos modos no hay que dejarse engañar por su estatura, sus actividades o su forma de hablar; pues sigue necesitando la ayuda, la guía segura, firme y comprensiva de su formador. Éste, más que nunca, debe también aprender a distanciarse afectivamente, a no crear dependencia de su persona, a dejar que el joven camine por sí mismo.

Hay que tratarle con mucho respeto, guardando las formas sociales, pues la vida social es ya algo fundamental en su vida y pone mucho cuidado en observarlas. Es necesario tener un gran seguridad personal y mucho ascendiente humano y moral, estar bien preparado, tener respuestas inteligentes y bien documentadas a sus preguntas. Si antes percibían con detalle todo, ahora incluso se dan cuenta si su formador tiene o no coherencia de vida.

El adolescente, en su fase tardía, ha terminado de desarrollar su físico casi completamente. Su inteligencia es más aguda y en plena facultad; sus sentimientos ya no son algo tan novedoso como lo fueron al terminar su infancia, aunque todavía constituyen un mundo nuevo para él; sus pasiones son fuertes, siempre vivas, pero no tan desconcertantes como al inicio de la pubertad; su relación con los demás es más equilibrada, quizá incluso menos egoísta, aunque la novedad del mundo que le espera por delante empieza a crearle otro tipo de preocupaciones, incluso mayores que antes.

Su deseo de ser feliz y de vivir una vida que valga la pena es muy intenso e insistente. Vive con la necesidad de dar sentido a lo que le sucede y a todo lo que realiza. Su afectividad le pide estabilidad y una relación más frecuente con las personas queridas. Ahora se busca el trato con el otro sexo en forma de amistad particular o inicial noviazgo; este factor marcará notablemente sus intereses personales.

Por ello, muchas cosas que antes le entretenían, son vistas, ahora, con indiferencia, frente al valor recién descubierto de la amistad íntima. De todos modos, no hay que olvidar que en esta edad no debe cerrarse al trato con una chica, sino que necesita seguir conociendo nuevas posibilidades, ya que todavía no está preparado para un verdadero noviazgo.

Es una edad en la que se puede ver con claridad la afirmación de la propia autonomía como fruto de una mayor confianza en sí mismo, que le irá llevando por el camino de la propia iniciativa, esto es, de la afirmación de su libertad, como fruto de una personalidad bien definida. Por esto mismo, es fácil que todo lo que tenga relación con la disciplina externa sea visto como algo anticuado; por ello, es muy necesario hacerle comprender que la verdadera disciplina está en la base de toda empresa humana que pretenda una garantía real de éxito.

Se empieza a dar cuenta de la necesidad de una buena formación y de preparación para poder tener éxito social y profesional. Empieza a pensar en su futuro, a preocuparse por su posición social, su carrera, etc. En este período es frecuente el peligro de caer en el pragmatismo y, en cierta forma, de encasillar sus relaciones con Dios, de perder una generosidad espontánea, de construirse una propia jerarquía de valores donde Dios no ocupe realmente el primer lugar.

El plan de vida (más conocido como “reforma de vida”) en la dirección espiritual se hace imprescindible en esta etapa. El joven valorará la eficacia del plan de vida en la medida en que sienta la necesidad de organizar su propia vida, de darle un rumbo definitivo. Es importante que lo hagan él mismo; en concreto, se recomienda ir haciéndole algunas preguntas con el fin de que, al responderlas, vaya marcando las pautas de su plan de vida. Por ejemplo: “para ti, ¿qué es lo más importante en la vida?, ¿cómo crees tú que podrías cambiar o lograr este ideal?, ¿cuál crees que es el principal obstáculo para lograr el auténtico ideal?, ¿qué medios pondrías tú para lograr tu ideal?”.

Hay que aprovechar su capacidad de asumir grandes responsabilidades y empresas. Se siente el gran reformador del mundo; por eso hay que tratar de centrarle y hacerle ver su papel, sin duda, irremplazable. Hay que presetarle la persona de Cristo como apóstol y transformador, y como gran proyecto de vida. Su vida espiritual es más consciente y profunda, ya no será de ambiente, sino una elección personal.


I. Formación Intelectual


1.Desarrollo de habilidades mentales:

se busca que el adolescente desarrolle su capacidad de análisis para que aprenda a distinguir lo esencial en su vida y a dialogar con el mundo que le rodea, defendiendo la verdad con su razón iluminada por la fe; haga propios, se convenza y transmita los conocimientos, la doctrina y el estilo de vida que se le ha propuesto en su formación católica.

Para ello el formador debe presentarle todos los contenidos de forma razonada, explicada, estructurada y sintética, de manera que pueda encontrar una armonía en todo lo que se le ha ido enseñando. Ya que no hay que perder de vista que el adolescente se encuentra en un momento bastante adelantado del desarrollo de su personalidad, aunque no deje de ser un adolescente. Aumenta su capacidad de abstracción y se da el paso de la reflexión sobre sí mismo, sobre los ideales y valores. Empieza a definir su personalidad y a hacer sus propias opciones, sus propios planes en la vida, tal vez al margen de Dios.

2.Contenido doctrinal específico:

se busca que el adolescente conozca temas de actualidad y aprenda analizarlos; dado que tiene una mayor apertura a otros ambientes y personas, y se interesa mucho por la situación del mundo y sus problemas.

II. Formación Espiritual

1.Amor a Jesucristo:

Se busca que el adolescente madure en su amor a Cristo, interiorizándolo y convirtiéndolo en una pasión que le lleve a responder a Cristo con un amor radical.

Puesto que el adolescente, en esta edad, está mejor preparado para dar este paso, debido a su maduración más estable en toda su personalidad. En esta edad el joven sigue madurando pero ya de manera más estable.

2.Vida de gracia, oración y sacramentos:

Se busca que el adolescente esté decidido a afianzar y acrecentar su vida de gracia, conservada habitualmente por convencimiento personal y con plena libertad interior logre un hábito de vida de oración. Que viva su relación con Cristo como una amistad madura, manifestada particularmente en su confesión sacramental delicada y habitual.
Puesto que, en esta edad, el adolescente tiene más libertades y, por ello, más riesgos de sufrir la influencia de ambientes secularizados y pecaminosos.

3. Voluntad de Dios:
se busca que el adolescente cumpla la Voluntad de Dios en su vida habitual e incondicionalmente, como un modo de amar más y mejor;
vea su vocación y misión en Cristo como manifestación de la Voluntad de Dios, y no como “cosas” que hace por gusto.
tenga una dependencia exquisita y habitual de su director espiritual.
Puesto que, en esta edad, el adolescente ya es más maduro en cuanto a sus opciones de vida, pero puede fácilmente poner límites a su donación a Dios.

4.Amor a la Santísima Virgen:

Se busca que el adolescente manifieste su amor en la devoción y en el fervor con el que reza; en la frecuencia con que acude a Ella
y la tenga como modelo de todas las virtudes. Puesto que, después de cuatro años de formación, ha logrado interiorizar su relación y su trato íntimo con María.

5.Amor a la Iglesia y a las almas:

Se busca que el adolescente sienta la Iglesia como cosa suya, de forma que sufra y goce con sus problemas y sus éxitos; Se interese por conocer realmente sus problemas y avances, su misión y sus desafíos; y se sienta responsable activo del futuro de la misma. Para ello el formador debe explicarle muy bien la realidad del cuerpo místico de Cristo, dado que encontrará una gran resonancia interior del alumno y le servirá como motivación en su entrega diaria, consciente de que cada acto de su vida repercute en la Iglesia, y que su entrega hace a la Iglesia, hoy y ahora, más grande y fuerte.


III. Formación Humana


1.Formación de la conciencia:

se busca que el adolescente viva la fidelidad a su conciencia de forma más madura e inquebrantable, y se sienta orgulloso de sus elecciones positivas por el bien y la verdad, aunque tenga que luchar contra corriente; logre una gran confianza con su director espiritual, para seguir formando su conciencia rectamente.

Para ello el formador le recordará el mecanismo interno de su conciencia, los tipos de conciencia que existen y las consecuencias que se dan en la vida al seguir unas directrices o no. El formador debe tener un gran ascendiente moral sobre él para poder ayudarle realmente en su formación; puesto que, en esta edad, el adolescente tiene más clara la conciencia del pecado, pero, a la vez, siente con más fuerza la atracción al mismo.
El joven debe formar su conciencia mientras ayuda a formar la de otros.

2.Formación de la voluntad:

Se busca que el adolescente Viva con convicción sus principios y renueve y viva con más radicalidad su programa de vida, adecuándolo a las nuevas circunstancias (aumente su capacidad de sacrificio, la fidelidad a sus compromisos y a su horario, etc.).
Puesto que, en esta edad, sufre el ataque de nuevas tentaciones y presiones de ambientes y grupos que pueden debilitar su voluntad. Debe aprender a formar su voluntad mientras ayuda a formar la de otros.

3.Formación del carácter:

se busca que el adolescente afiance sus propios valores;
y encauce su temperamento en función de la misión que tiene como líder cristiano.
Para ello el formador debe continuar ayudándole a conocer su temperamento y a potenciarlo en los diferentes campos de su vida (familiar, amistades, estudios, etc…); puesto que, en esta edad, sigue madurando su carácter y sintiendo fuertemente la tentación de ir tras otros modelos de vida. Debe consolidar su carácter mientras ayuda a formar el de otros.

4.Formación de las virtudes humanas:

Se busca que el adolescente viva con madurez y convencimiento personal las virtudes que ha cultivado durante todos sus años de vida, especialmente la generosidad, de tal forma que él mismo se exija la vivencia de las mismas.
Debe lograr que otros compartan y vivan las virtudes que él vive.

5. Formación en el liderazgo:

Se busca que el adolescente ejerza su liderazgo entre sus amigos y entre los miembros de las etapas anteriores.
Para ello el formador debe exigirle que viva su liderazgo a base de metas concretas; puesto que el adolescente ya ha alcanzado una conciencia de lo que significa ser y actuar como líder. Enseña a otros cómo se es líder.

IV. Formación apostólica


1. Ser apóstol:

se busca que el adolescente logre una dedicación absorbente de toda su persona a la Iglesia, en algún proyecto de evangelización. Qué sea un ejemplo de apóstol para los compañeros de grados inferiores.
Puesto que, en esta edad, el adolescente ya es consciente de su compromiso con el con la Iglesia, en cuanto a la santidad y al apostolado se refiere.“Debo dejar una huella profunda antes de irme”.

2.Hacer apostolado:

se busca que el adolescente dedique más tiempo real al apostolado, según su horario y su apostolado concreto.

Lleve adelante proyectos apostólicos de envergadura, responsabilidades importantes en la sección y sea un gran promotor de estas en el colegio.

Y sea un colaborador dócil para cualquier proyecto apostólico que se le encargue.
Para ello el formador debe promover mucho su iniciativa y ayudarle a sacar adelante dichos proyectos, sin limitarse a delegarles responsabilidades; puesto que, en esta edad, el adolescente tiene una gran capacidad de realizar grandes empresas por Cristo.
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