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Autor: | Editorial:



El amor espiritual

Queridos hermanos:

No teman a los apegos cuando son espirituales, pues los vínculos del amor espiritual no pueden ser rotos, sino por el demonio que pone todo de su parte a veces para corromperlo. Una sana amistad y también un tierno afecto nunca han sido condenables. Pero si quieren agradar al Señor, deben en cada instante estar dispuestos a renunciar a todo, incluso sus afectos particulares – entendemos, a renunciar provisionalmente – pues si se apegan demasiado humanamente a cosas o a seres, y que de repente les son quitados, sufrirán mucho e incluso se rebelarán, tan grandes serán su desilusión y su pena. Sí, habrán amado, pero habrán amado mal. Habrán amado de manera egoísta, demasiado personal, haciendo siempre girar todo alrededor de ustedes mismos, de su vida, de su comodidad, de su gozo, de sus sentidos. Dichosos aquellos que saben amarse con amor espiritual, pues este amor no muere. Es el amor de los seres que se mantienen espiritualmente unidos en Dios por un mismo amor verdadero y fuerte que nada podrá quebrar, ni la guerra, ni el alejamiento, ni la muerte.

¡Cuántos seres se han amado, han sido separados por las circunstancias en el sufrimiento y han continuado amándose en el plan espiritual, único plan capaz de conservar un amor tan puro tanto tiempo! Pues en el amor espiritual, no hay barreras, ni normas, ni vergüenza, ni pasión. ¡Ah! Hermanos, si los seres humanos supieran amarse con amor espiritual, todos sus problemas, todas sus interrogaciones, todos sus fantasmas, todos sus temores y hasta sus pulsiones las más elementales se derrumbarían y serían transcendidos, sublimados, en Dios su Creador. El amor espiritual es puro y caritativo, y los seres que lo viven en las comunidades cristianas, la pareja o la familia, que es la primera de las comunidades, son la mayoría de las veces radiantes de alegría y de felicidad.

Es este amor que permite al esposo y a la esposa que pierde su cónyuge de afirmar que el ausente está todavía presente, y a veces aun más fuertemente que antes. ¡Esto es una bella Gracia del Cielo! Aquellos o aquellas para quienes la unión carnal les hace tanto falta, que otra unión está pronto considerada, probablemente no han conocido los lazos del amor espiritual, que no es por nada egoísta y no busca, cueste lo que cueste, a colmar un vacío, a aprovecharse de una presencia, de una protección, de una ayuda, de una sirvienta, de un cuerpo... Pocos hombres entienden de hecho que el amor espiritual es de esencia divina.

Pureza y caridad, el amor espiritual es también renuncia: renuncia a todos los actos, palabras o pensamientos que podrían venir a empañarlo. Si el afecto y la ternura expresan su fuerza en la carne, si la unidad y el intercambio de las almas le dan su potencia, no debe ser ensuciado por la expresión del egoísmo humano a través de la satisfacción desenfrenada de los sentidos, cuyo dominio le da al contrario todo su valor.

Hermanos, lean el capitulo 7 de la Primera Carta a los Corintios y mediten las palabras de Pablo. La mancha lastima el alma y, en lugar de satisfacerla como satisface los sentidos, la perturba y la atormenta. Desafortunadamente, en nuestro mundo actual, pocos son los que entienden esto y menos aun los que lo viven a través de un amor conyugal virtuoso, esencialmente espiritual.

¡Ah! Hermanos,¡ que dulzura, que plenitud, que confianza, que generosidad en este amor verdadero que ya es del Cielo!



Amor del Mesías por los hombres,
Amor de novios, amor de esposos,
Amor casto y sincero,
Amor total, amor entero,
Amistad franca y bella,
Regalo resplandeciente de pureza.



Hermanos, vivan eso sin esperar, y sin atormentarse el espíritu con cuestiones de normalidad anatómica o fisiológica. Cuántos son los que, para obtener la prueba de esta normalidad, se lanzan, a cuerpo descubierto, en la impureza y el vicio asociando a ello cada uno de sus sentidos: la vista y el oído en espectáculos malsanos públicos y privados, lecturas vergonzosas, llamadas indignas, invitaciones al desenfreno, actos impúdicos, orgías interminables...

Hombres, ustedes que han sido dotados de una agudeza espiritual particular, ¡lánzense más bien a cuerpo perdido en la Obra de Amor del Padre! Sean sus hijos cariñosos, sus instrumentos fieles. Regresen, hijos pródigos. Nunca es demasiado tarde para renunciar al mal, pues el Padre les traerá satisfacciones muy superiores a las de los sentidos...

Hermanos, por favor, sepan humiliarse y pedir perdón. Conviertan su corazón y abracen la verdadera fe. Amen siempre la Santa Virgen quien es tan dulce y tan buena por todos sus hijos arrepentidos. Oren y guarden animo. Si a veces la vida les parece dura, piensen en las víctimas de las guerras y de la hambruna, piensen en los pobres y a los minusválidos, a los heridos, a los condenados. Si cambiarían su cruz por la suya, quizá tendrían que lamentarlo, ustedes que se quejan tan frecuentemente... Sean bendecidos, queridos hermanos y guarden confianza.



Sus hermanos

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