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Autor: | Editorial:



El liberalismo es pecado
Félix Sardá i Salvany: El liberalismo es pecado

Antes de proseguir el desarrollo de mi exposición quiero detenerme un momento a resumir, como punto de referencia fundamental, el diagnóstico que nos da el Padre Félix Sardá i Salvany en su obra “El liberalismo es pecado”.

Dice el Padre Sardá: “El Liberalismo es pecado, ya se le considere en el orden de las doctrinas, ya en el orden de los hechos.
En el orden de las doctrinas es pecado grave contra la fe, porque el conjunto de las doctrinas suyas es herejía, aunque no lo sea tal vez en alguna que otra de sus afirmaciones o negaciones aisladas.
En el orden de los hechos es pecado contra los diversos Mandamientos de la ley de Dios y de su Iglesia, porque de todos es infracción.
Más claro. En el orden de las doctrinas el Liberalismo es la herejía universal y radical, porque las comprende todas: en el orden de los hechos es la infracción radical y universal, porque todas las autoriza y sanciona”.


Enunciada la doble tesis, el Padre Sardá i Salvany pasa a fundamentarla:
a) En el orden de las doctrinas el liberalismo es herejía. Herejía es toda doctrina que niega con negación formal y pertinaz un dogma de la fe cristiana. El liberalismo doctrina los niega primero todos en general y después cada uno en particular. Los niega todos en general, cuando afirma o supone la independencia absoluta de la razón individual en el individuo, y de la razón social o criterio público en la sociedad. Decimos afirma o supone, porque a veces en las consecuencias secundarias no se afirma el principio liberal, pero se le da por supuesto y admitido.
-1) Niega la jurisdicción absoluta de Cristo Dios sobre los individuos y las sociedades, y en consecuencia la jurisdicción delegada que sobre todos y cada uno de los fieles, de cualquier condición y dignidad que sean, recibió de Dios la Cabeza visible de la Iglesia.
-2) Niega la necesidad de la divina revelación, y la obligación que tiene el hombre de admitirla, si quiere alcanzar su último fin.
-3) Niega el motivo formal de la fe, esto es, la autoridad de Dios que revela, admitiendo de la doctrina revelada sólo aquellas verdades que alcanza su corto entendimiento.
-4) Niega el magisterio infalible de la Iglesia y del Papa, y en consecuencia todas las doctrinas por ellos definidas y enseñadas.
-5) Y después de esta negación general y en globo, niega cada uno de los dogmas, parcialmente o en concreto, a medida que, según las circunstancias, los encuentra opuestos a su criterio racionalista. Así niega la fe del Bautismo cuando admite o supone la igualdad de todos los cultos; niega la santidad del matrimonio cuando sienta la doctrina del llamado matrimonio civil; niega la infalibilidad del Pontífice Romano cuando rehúsa admitir como ley sus oficiales mandatos y enseñanzas, sujetándolos a su pase o exequátur, no como en su principio para asegurarse de la autenticidad, sino para juzgar del contenido.
b) En el orden de los hechos es radical inmoralidad. Lo es porque destruye el principio o regla fundamental de toda moralidad, que es la razón eterna de Dios imponiéndose a la humana; canoniza el absurdo principio de la moral independiente, que es en el fondo la moral sin ley, o lo que es lo mismo, la moral libre, o sea una moral que no es moral, pues la idea de moral, además de su condición directiva, encierra esencialmente la idea de enfrenamiento o limitación. Además, el Liberalismo es toda inmoralidad, porque en su proceso histórico ha cometido y sancionado como lícita la infracción de todos los mandamientos, desde el que manda el culto de un solo Dios, que es el primero del Decálogo, hasta el que prescribe el pago de los derechos temporales a la Iglesia, que es el último de los cinco de ella.
Por donde cabe decir que el Liberalismo, en el orden de las ideas, es el error absoluto, y en el orden de los hechos, es el absoluto desorden. Y por ambos conceptos es pecado, ex genere suo, gravísimo; es pecado mortal.” .
Hasta aquí la cita.

El camino a seguir
Todo lo que dice el P. Sardá i Salvany es verdad. ¡Sí! Pero hay aún más.
Intentaré mostrarlo, explicitando algo que está implicado en el certero diagnóstico espiritual del apologista español.
Ese más que hay, es que: el Liberalismo es el pecado. Y lo es en el sentido específico en que él es la iniquidad. La cual - nos enseña el Nuevo Testamento - es ni más ni menos que la puesta en acto de la suprema iniquidad anticristiana y antitea, incoada ocultamente en la historia, cuya manifestación virulenta, es signo esjatológico, porque es causante de una disolución final de la humanidad y preámbulo de la dominación del Anticristo.

Como veremos, San Juan define ese pecado como la iniquidad, en griego: he anomía, la anomía. Ese pecado muy único y singular, esa anomía, aparece en el Nuevo Testamento siempre vinculada al Anticristo y a los últimos tiempos; al juicio final o a los antecedentes de la Parousía de Nuestro Señor Jesucristo, y se aplica, ya desde los comienzos de la Iglesia, al rechazo de Cristo y de Dios Padre a quien el Hijo viene a revelar. “Muchos anticristos han aparecido” – afirma San Juan en su primera Carta – “Este es el anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. Todo el que niega al Hijo, tampoco admite al Padre; quien reconoce al Hijo también admite al Padre” .

Este rechazo lo experimentó el mismo Jesucristo durante su vida y lo calificó de “blasfemia contra el Espíritu Santo” . El mismo rechazo lo siguieron experimentando, - presente y operante dentro de ellas-, las comunidades eclesiales apostólicas. Y tanto Juan como Pablo, iluminados por las palabras de Jesús, interpretaron su naturaleza y anunciaron que recrudecería en los últimos tiempos.

Un ejemplo de lenguaje inicuo

Véase, como botón de muestra del lenguaje de la iniquidad moderna, lo que dice David Friedrich Strauss, pastor y teólogo, árbitro ilustrado de lo que puede ser un Cristo aceptable:
“Mientras el cristianismo sea considerado como algo dado a la Humanidad desde afuera de ella; Cristo como alguien venido del cielo; su Iglesia como una institución para quitar los pecados de los hombres por medio de su sangre, se estará concibiendo el cristianismo a lo judío y la Religión del Espíritu seguirá siendo carnal. Sólo se entenderá al Cristianismo cuando se reconozca que en él, la Humanidad sólo se ha hecho más consciente de sí misma de lo que hasta ahora lo había sido: que Jesús es sólo aquel Hombre en el que por primera vez se manifestó esta conciencia más profunda como una fuerza determinante de toda su vida y de todo su ser; y que sólo mediante el acceso a esta nueva conciencia se quita el pecado” .
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