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El hombre no religioso, un hombre religado, un hombre desvinculado
El hombre no religioso, un hombre no religado, un hombre desvinculado

Creo que a esta altura de mi exposición podemos entender mejor la relación que existe entre el pecado que es la iniquidad y los demás pecados que derivan de este pecado. Al volverse los hombres contra el Cielo, se vuelven unos contra otros en la tierra.
Dios vino a buscar al hombre que había caído por el pecado original. Cuando el hombre caído se rehúsa a tomar la mano que se le extiende para levantarlo, cae aún más profunda e irremediablemente.

A esta luz, la profecía de Malaquías, últimas palabras del Antiguo Testamento, adquiere tintes apocalípticos. Esta profecía cierra el Antiguo Testamento anunciando la venida de Elías. El Nuevo Testamento conecta esta vuelta de Elías con la venida del Bautista, precursora de la de Cristo: “He aquí que yo os envío al profeta Elías antes de que llegue el Día de Yahveh, grande y terrible. Él hará volver el corazón de los padres a los hijos, y el corazón de los hijos a los padres; no sea que venga yo a herir la tierra de anatema” .

En nuestro mundo, los hombres irreligiosos y antirreligiosos tuvieron antepasados religiosos. Hay, junto con la rebelión contra el Dios Padre, una rebelión contra los propios padres. El corazón de los hijos se ha vuelto contra los padres y el corazón de los padres se ha vuelto contra los hijos.

Si tras la venida de Cristo, que reconcilió todas las cosas con la sangre de su Cruz, - también a los padres con los hijos y los hijos con los padres, como sucedió en el mundo de la cultura católica -, si tras la venida de Cristo, - digo -, el hombre vuelve a rechazar a Cristo y al Padre, como hace el liberalismo, los hombres vuelven a enemistarse con Dios Padre y entre sí.
Pero ya no hay posibilidad de una nueva reconciliación. Entonces, la única perspectiva que queda, es la de una tierra herida por el anatema. Un anatema que los hombres pudieron haber evitado pero rehusaron libremente evitar. Un anatema que libremente eligieron, malusando su libertad para rechazar el bien y elegir el mal.

Un ejemplo de la rebeldía del hombre:
El manifiesto kantiano de la liberación religiosa de la moral


Me he detenido en un recorrido de autores contemporáneos, que toman el pulso de las dolencias de la cultura actual y que comprueban, coincidentemente, todos, que estos males tienen su origen en la Reforma Luterana, la Revolución Francesa, la Ideología de la Ilustración, la Revolución soviética.
De ese recorrido resulta patente que la emancipación irreligiosa de la moral conduce irremediablemente a la disolución de los vínculos morales entre los hombres. Estamos pues en condiciones de comprobar cómo la historia le está dando un desmentido a la utopía kantiana que propugnaba precisamente la emancipación de la moral de todo anclaje divino y religioso y su secularización.

Escuchemos y juzguemos si fue acertado o no el manifiesto liberal de Kant: “La moral, - dice - en cuanto que está fundada sobre el concepto del hombre como un ser libre que por el hecho mismo de ser libre se liga él mismo por su Razón a leyes incondicionadas, no necesita ni de la idea de otro ser por encima del hombre para conocer el deber propio, ni de otro motivo impulsor que la ley misma para observarlo […] Así pues, la moral, por causa de ella misma (tanto objetivamente por lo que toca al querer, como subjetivamente por lo que toca al poder) no necesita en modo alguno de la Religión [entiéndase la revelación cristiana] sino que se basta a sí misma en virtud de la Razón pura Práctica” .

Acabamos de oír el manifiesto de la iniquidad.
La voz del pecado del que dimana todo otro pecado, de la impiedad religiosa de la que deriva toda impiedad entre los hombres: “seréis como dioses, conocedores del bien y del mal” .
¿Acaso el hombre libre, según lo piensa el liberalismo, necesita de la revelación cristiana; de un Dios por encima de él, Padre o Hijo o Espíritu Santo; para vivir moralmente? No, gracias. ¿Acaso necesita ser salvado de algo por Dios? ¡Para nada! ¡El se basta a sí mismo!

La bestia de muchos cuernos que decía grandes cosas

Cuando leo este manifiesto de Kant, cuya falacia ha sido entretanto desenmascarada por la historia subsiguiente, pero sin embargo vigente y parecería que hoy más que nunca, acude espontáneamente a mi imaginación la última Bestia emergente del fondo del mar que vio en su sueño Daniel.
Sabemos que el fondo del mar, en el lenguaje bíblico, es el lugar donde residen las potencias enemigas de Dios. La última Bestia que surge del mar, a diferencia de las anteriores, es una fiera que habla, dice grandes cosas, y sobre su cabeza despuntan y se multiplican los cuernos . Las grandes cosas que proclama son las mentiras de Satanás, mentiroso desde el principio y padre de la mentira. Y los cuernos son los múltiples poderes políticos basados en sus mentiras.
Los intérpretes cristianos del Apocalipsis han visto, por eso, acertadamente, en esta Bestia y sus cuernos, las figuras de los poderes políticos y de las ideologías que los sustentan: naturalismo, racionalismo, libre pensamiento, liberalismo, socialismo, comunismo, marxismo, progresismo, secularismo, modernidad, post modernidad, etc.

Esta Bestia es figura, pues, de la suma de la iniquidad, del rechazo de Cristo y de la rebelión contra Dios su Padre. Esta Bestia habla y dice grandes cosas. Opone a la Palabra de Dios, al Verbo hecho Hombre, su grandilocuencia y su verborrea, las voces de su propaganda, los discursos erróneos de su ideología, los manifiestos de su anomía.

Si las bestias anteriores son temibles por sus fauces o sus garras, esta bestia lo es por su elocuencia engañosa. Una sofística convincente, opuesta a la Palabra de Dios, que, llegados al Apocalipsis de Juan, se convertirá en un croar de ranas ensordecedor.
De esta Bestia, que figura a Satanás mismo, puede interpretarse el dicho del Señor: “No temáis a los que matan el cuerpo [el león el oso y el leopardo que ve Daniel] temed más bien a Aquél que puede llevar a la perdición alma y cuerpo [la cuarta bestia que dice grandes cosas, el Padre de la Mentira y todos sus servidores, el Príncipe de este mundo y todos los reinos que le pertenecen]” .
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