Menu




Autor: | Editorial:



Anomía y esjatología
Anomía y Esjatología

La palabra anomía, se usa en el Nuevo Testamento en contexto predominantemente escatológico, es decir, relativo al Juicio, a la Parousía, al futuro eclesial y al fin de los tiempos. No tiene, por lo tanto, un sentido predominantemente moral, sino religioso, relativo a la salvación o la condenación de los hombres.

En el Sermón de la Montaña, oímos a Jesús decir, refiriéndose al juicio futuro en el que Él será el Juez: “Muchos me dirán en aquel día, Señor, Señor ¿Acaso no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre obramos muchos prodigios? Y entonces les declararé públicamente: Nunca jamás os conocí, apartáos de mí los que obráis la iniquidad [ten anomían]” .
La iniquidad, que será desenmascarada en el Juicio, habrá podido ser perpetrada, por lo tanto, en la historia, mediante la invocación del nombre de Cristo y obrando, mediante esa invocación, signos prodigiosos, profecías y expulsión de demonios que parecerían acreditar a los que los obran como verdaderos cristianos. ¿Cómo entenderlo?

Jesús nos pone en guardia, en sus instrucciones sobre el futuro: “Mirad que nadie os extravíe, diciendo ‘Yo soy el Mesías’ porque muchos vendrán en mi nombre diciendo, ‘Yo soy el Mesías’, y extraviarán a muchos” […] “Entonces, si alguno os dijere: ‘Mirad, aquí está el Mesías’ o ‘allí’, no lo creáis, porque se levantarán falsos Mesías y falsos profetas y exhibirán grandes señales y grandes portentos, hasta el punto de ser seducidos, si posible fuera, aún los elegidos. Mirad que os lo tengo predicho” .

Son estos impostores los que se presentarán ante el Juez, diciendo “Señor, Señor, hemos hecho milagros en tu nombre”. Jesús los rechazará por haber sido obradores de la iniquidad: “apartáos de mí, no os conozco, obradores de la iniquidad”.

Se presentan y obran invocando el nombre de Jesús, pero haciendo hipócritamente su propia voluntad y no la del Padre. Anuncian una salvación mesiánica e intentan ponerla por obra.
Pensemos, por ejemplo, en ciertas autoproclamadas “teologías de la liberación” que se presentaron en el nombre de un Cristo liberador pero postulando la lucha de clases. No promovían la libertad de los hijos de Dios anunciada por Jesucristo, la filialización y la amorosa sujeción de la propia vida a la voluntad del Padre. Estos y otros pseudomesías, erigen la voluntad humana en norma de interpretación de las palabras de Jesucristo, e instrumentalizan hipócritamente su figura.

Anomía y escándalo

Pero continuemos con nuestra lectura de los pasajes de la Sagrada Escritura que nos enseñan lo que es la anomía.
En la parábola del trigo y la cizaña, que nos remite a los últimos tiempos, leemos: “Así, pues, como se recoge la cizaña y se echa al fuego para que arda, así será en la consumación del mundo. Enviará el Hijo del Hombre a sus Ángeles, los cuales recogerán de su reino todos los escándalos y todos los que obran la iniquidad (la anomía) y los arrojarán al horno del fuego, y allí habrá llanto y el rechinar de dientes” .

Este texto exige algunas observaciones:
Primera: Aquí ‘los que obran la iniquidad’ se presentan, nótese bien, como internos al Reino: ‘los Ángeles recogerán de su Reino…’. Es algo que sucede dentro del Reino y en nombre de Jesús, con conocimiento de su enseñanza e invocándola, tergiversada según ajenas conveniencias, pero no haciendo lo que Jesús enseña: ‘escuchan mis palabras – y quizás hasta las enseñen en mi nombre - pero no las practican’.

Segunda: Los que obran la ‘iniquidad’ la obran, en este contexto, dando escándalo, es decir, motivo de tropiezo y de caída a los creyentes en su fe.

Hay que notar aquí el sentido técnico y salvífico de la palabra escándalo, que nosotros, actualmente, entendemos más bien en sentido moral, de “pecados escandalosos”. Escándalo tiene, en boca de Jesús, el sentido de hacer tropezar a alguien en el seguimiento; de hacer tropezar al discípulo en el camino -que es Jesucristo- al Padre.

¿Cómo se relaciona la iniquidad con el escándalo? Escándalo en paralelo con iniquidad, supone, en este contexto, que el inicuo, por el solo hecho de serlo, induce a muchos creyentes a la iniquidad.

La iniquidad es contagiosa, y por eso dañosa para la fe de los creyentes. Y más cuando ella se ha convertido en un ambiente, en una civilización, en una cultura que penetra por contagio y por ósmosis, como por una insensible colonización cultural, el corazón de los creyentes; su sentido común; sus modos de ver la vida y las cosas. De tal manera que, ellos también, se hacen cristianos hipócritas, seres cripto-inicuos, que habiendo comenzado por escuchar las palabras de Cristo, terminaron por no practicarlas, o terminaron practicando una reinterpretación de ellas, que es lo mismo. Víctimas, más o menos culpables, de la reinterpretación a la que los inicuos han sometido la doctrina de Jesús para evacuarla.
Esta definición de iniquidad ¿no se aplicaría perfectamente a una pedagogía, pretendidamente cristiana, que se limitara a enseñar valores, pero se desentendiera de su realización y concreción práctica en el ejercicio de las virtudes, empezando por las teologales y siguiendo por las cardinales?
Presenciamos hoy la fácil sustitución de Jesucristo por valores. Ya ni siquiera por virtudes. La sustitución del anuncio evangélico explícito y fiel, por un sucedáneo elástico de values light and stretch. Un procedimiento escalofriante porque evoca la operación de cambio por treinta valores con la que Judas traicionó a su Maestro. La sustitución del anuncio del evangelio por el anuncio de valores, aún pretendidamente evangélicos, ¿no es algo así como una traición?

Ciertamente esta definición se aplica al programa de la heterointerpretación del lenguaje creyente que proponía Gramsci que ha sido piedra de tropiezo para tantos creyentes.
Reportar anuncio inapropiado |

Another one window

Hello!