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Autor: | Editorial:



Conclusión
En conclusión – Oración al Padre

He intentado mostrar cómo y en qué sentido es posible decir que el liberalismo es el pecado, la iniquidad suprema, el pecado contra el Espíritu Santo que obra la obediencia filial y amorosa al Padre en los hombres que viven como el Hijo, que viven como hijos; y es por lo tanto, en su esencia, la rebelión contra el Padre, que le grita el “non serviam”, no te serviré, no quiero obedecerte, porque no quiero ser hijo tuyo. No te reconozco como Padre. No te reconozco ningún derecho sobre mí. No quiero recibir mi ser de ti. Quiero ser yo mismo mi principio y mi fin. ¡Yo soy dios!

Ante esta terrible blasfemia de nuestro tiempo, como decía el Padre Castellani, no tenemos nada que oponer sino nuestro testimonio de querer ser hijos, de empeñarnos en vivir como hijos y de reconocer a Dios como nuestro Padre. Por eso los invito a orar conmigo diciendo:

Padre, engéndranos, en esta hora, y en cada hora; en este día, y en cada día. Queremos recibir el ser de Ti siempre y en cada momento aquí sobre la tierra; y en el cielo eternamente, para que podamos glorificarte como Tú lo mereces. Danos el ser, el ver, el oír, el pensar, el entender, el querer tu voluntad, el recordar tu caridad, el quererte sobre todas las cosas. Oh Tú Padre, fuente de caridad, de donde venimos y hacia donde vamos. Gozo nuestro y paz nuestra. Felicidad nuestra. Te adoramos, te alabamos, te bendecimos. No tenemos felicidad fuera de Ti. Darte gloria es la bienaventuranza de tus hijos. No nos dejes caer en la tentación en esta civilización de la acedia en la que nos has colocado, que se entristece por nuestras alegrías. Líbranos del Malo. Que nada pueda su tristeza contra el gozo de tus hijos. Para que nada empañe tu gloria y la que le diste a tu Hijo Jesucristo. Amén.

Y llenos de alegría por ser hijos de Dios, oremos juntos repitiendo el Padre Nuestro, que Jesús nos enseñó.

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